“Acuérdate de mí, ¿vale? Existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés; no te olvides nunca”
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lunes, 31 de marzo de 2008

Días torcidos

Mañana gris con reflejos negros. Manos moradas por el frío invierno que curte mi piel, ojos encharcados de lágrimas incitadas por el viento que provoca la soledad. Miradas heladas, penetrantes de dolor. Y ni un resquicio de color, ni uno. Llegar a casa y quitarme los zapatos teniendo la sensación de que están sucios por haber pisado la oscuridad que tiñe las sonrisas que en todo el día no he conseguido gritar. Pasar la tarde en mi habitación, buscando en algún rincón la alegría que, sin saber cuándo ni por qué, perdí mientras jugaba con la melancolía. Ahogar la noche entre estas letras y derramar la tinta sobre este papel, sin tener el valor suficiente de escribir los instantes positivos de un día torcido. Porque sé que los hay, cada día me digo al levantarme que tiene que haberlos, y me creo. Y es que mis días torcidos pueden empezar con el pie izquierdo, quedándome dormida o llegando tarde a un examen. Pero no son tan sólo eso. Para mí un mal día es un anhelo de sonrisas, es un día en el que me levanto por la mañana y pienso en cuánto me encantaría poseer un “buenos días, hija”, o carecer de nostalgia por los desayunos compartidos, echar de menos las siete de la mañana con olor a pan tostado. Es extrañar llegar a clase regalando una sonrisa, despreciando una mala noticia. Es pasar la tarde pensando en dónde puedo encontrar los motivos por los que mis días son torcidos, y que cuando llegue la noche tenga que sacudir las lágrimas que viven en mi almohada.

viernes, 15 de febrero de 2008

Te prometí que lucharía, que me levantaría cada mañana de esta puta cama, y cumplí mi promesa durante una semana, NO MÁS. Te hice caso cuando me dijiste “cree en ti”. Tardé otra semana más para darme cuenta que es inútil luchar una y otra vez por la misma persona, por esforzarme en volver a confiar, por darlo todo y que las cosas salgan bien. Si, una vez más me ha vuelto a dejar tirada en medio de un puto camino sin sentido. Siempre que me destroza tiene una excusa para no aceptar sus errores. Pero ¿sabes? Estoy aprendiendo a seguir adelante SOLA, porque sé que seré yo misma quien me levantará siempre a pesar de todas las veces que caiga, seré yo misma quien me acompañe toda la vida. Además, tampoco sería todo tan jodido sin aferrame fuerte a ti, o si.

jueves, 3 de enero de 2008

Esta madrugada

Cinco de la mañana. El frío encoge mi corazón, me traspasa la piel y se refugia en mis huesos. Hace que caduquen mis ganas de sonreír y revivan las lágrimas. Lágrimas infinitas. Lágrimas que caen sobre la almohada toda una madrugada. Esas que buscan un abrazo y no encuentran nada, ni tan sólo una mirada. De las que conversan con el dolor y el frío de mi corazón, y una vez puestos de acuerdo no me dejan levantarme de la cama.
Seis de la tarde y todavía sigo aquí, tumbada, sin un leve movimiento desde que me tapé con la manta. He perdido la cuenta ya de las veces que se ha abierto la puerta de esta habitación, ofreciéndome una oportunidad y otra para levantarme y echar algo de comida en mi estómago, y no, no puedo levantarme. Ni puedo ni quiero. Ni apetito tengo ya, ni ganas de sonreír, ni de vivir.
Diez de la noche. Tengo resaca de tanto llorar, de sentir cientos de lágrimas cayendo una y otra vez por mi rostro, olvidándose en el vacío. Si estoy sola, ¿cómo es que me pesa tanto la soledad? Es vacío, es nada. Nada de nada.
Tengo ya la sensación de que la habitación se está cayendo, y yo, sin apartar la mirada, caigo con ella. Entonces giro, giro y giro... Y siento como alguien entra en la habitación y me abraza. Pero es tan sólo una alucinación.

Si por un instante hubiera sido real, si de verdad hubieras venido a verme y me hubieras abrazado, sin ni siquiera sentirte... me hubiera levantado de esta puta cama y hubiera vuelto a luchar.




Si, ese fue mi primer día del año.

viernes, 28 de diciembre de 2007

El día en que dije NUNCA...

No me permito pensar en ti, no me permito echarte de menos. Pero cada vez que escucho una canción te recuerdo, y odio hacerlo, lo odio con todas mis fuerzas. Odio esta cobardía de no permitirme quererte. Odio el egoísmo de morirme por dentro al no saber si todavía piensas en mí, si todavía me echas de menos. Odio querer coger este jodido móvil y no permitirme enviarte un mensaje para felicitarte las navidades con la excusa de saber qué tal te va. Odio recordar la última vez que te vi. Odio saber que tu intención era encontrarme después de un mes sin saber de mí. Odio que me encontraras y quedarme muda al verte. Odio el beso que rozó la comisura de tus labios. Odio el momento en que te fuiste, cuando avancé mis pasos y giré mi mirada hacia atrás para ver como marchabas. Odio saber que ese sería nuestro último recuerdo. Odio saber que tú te desvivías por mí y yo te quería demasiado. Odio... odio ser tan cobarde.

Odio el día en que te dije NUNCA, y tú lloraste al escucharlo.

Lo siento.

Sin ti no puedo vivir y contigo moriré.
Pero ¿sabes?, prefiero morir.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Gritando rabia

Quedaba sólo una hora para el último ensayo. El local estaba vacío. Cuando llegó tiró las llaves sobre el pequeño sofá que había justo a su izquierda. Abrió la ventana de par en par y comenzó a preparar lo preciso para poder tocar esa tarde. Sandra estaba sola. El batería, el cantante y el bajista del grupo todavía no habían llegado.
Una vez preparado todo, se subió a la pequeña tarima. Cogió la guitarra y justo cuando parecía que comenzaría a tocarla, se paró. Indecisión, no sabía qué canción haría sonar hoy. Por fin eligió. Agachó la cabeza y comenzó a tocar, no dejaba de mirar el movimiento de sus dedos al compás de la canción. Cerró los ojos, sintió la música recorrer su cuerpo. Los pelos de punta. Fuerza, sentía la fuerza desbocarse por sus dedos y rebotar contra las paredes del local. Y comenzó a susurrar, a cantar...
Where are you? and I'm so sorry
I cannot sleep, I cannot dream tonight
I need somebody and always
This sick strange darkness
Comes creeping on so haunting every time


Continuaba cantando, ascendiendo cada vez más. En cuestión de segundos su voz ya estaba gritando desesperadamente, retumbando.
Sus ojos permanecían cerrados, no los había abierto aún. Y recordaba cada momento junto a él, cada mentira, cada decepción.
Grita, grita, grita...
El rencor le estaba arrancando el corazón.
Abrió los ojos. Dejó de tocar. En un impulso tiró la guitarra contra el suelo, dio una patada al amplificador y se sentó en la tarima. Mil lágrimas otra vez, no podía fingir más.

Hoy voy a cantar cada desilusión, celebrar cada mentira, bailar cada decepción y tararear todas las heridas.

lunes, 19 de noviembre de 2007

- ¿Sabes? Lo he estado pensando mucho estos últimos días y no le encuentro sentido a mi vida.
- ...
- No lo encuentro porque no sé lo que quiero, no logro sonreír, y lo peor es que tampoco consigo llorar. Solamente sonrío fingiendo.
- Bienvenida al club de la comedia de la vida
- De bienvenida nada, soy veterana
- Bueno, si te consuela, no eres la única
- Ya lo sabía. Y no, no me consuela porque no me duele. Si no hay dolor, no hay consuelo. Ya te he dicho que no siento nada.
- ¿Nada, absolutamente nada?
- Nada. Es como si estuviera congelada.
- ¿No sientes nada si te digo que eres la mejor amiga del mundo, que te quiero más que a nadie y que no quiero perderte nunca?
- Nada
- ...
- Hazme daño
- No puedo
- Hazlo, por favor
- ¡No!
- Para una vez que te lo pido... Necesito que me hagas daño, quiero llorar. Joder, es que ya ni siquiera puedo escribir, estoy bloqueada.
- Lo siento... ¿Por qué quieres que te haga daño?
- Para sentirme viva

sábado, 17 de noviembre de 2007

Quiero, no quiero...

Tengo todo planificado, tengo milimetrado cada segundo de mi vida, cada sueño, cada meta. Sé qué estudiaré, cuándo trabajaré, qué haré en mi tiempo libre. Sé a qué ciudad me trasladaré a vivir, sé con quien compartiré piso y cuanto máximo de dinero estaré dispuesta a pagar por un alquiler. Sé que quiero viajar toda mi vida, dedicar mi tiempo a conocer los lugares más escondidos del mundo, a probar nuevos sabores, a vivir la misma estación del año durante tres cientos sesenta y cinco días. Sé muy bien lo que quiero hacer, lo que quiero tener y lo que no. Quiero caminar sin rumbo, quiero... No quiero tener un amor, no quiero aferrarme a alguien y depender de sus besos para quedarme la mayoría del tiempo en la misma estación de tren, no quiero que su abrazo se interponga en mi camino y me haga dudar sobre mi destino. No quiero...
Yo, que tengo todo pensado, milimetrado, planificado, más que soñado... yo, que siempre creí ser una persona previsible y con las cosas claras, pensando que nada ni nadie se impondría ante mis decisiones y me haría cambiar, que siempre confié en mi ímpetu...
Yo, que fui tonta por creer todo esto y no querer darme cuenta de que tarde o temprano tú serías imprevisible.
Tú, que apareces en mi vida y entras sin ni siquiera llamar, que me robas cientos de sonrisas y alguna que otra lágrima, que sabes hacer que vuelva a confiar en las personas, que me dedicas palabras que se van clavando poco a poco en mí...
Tú, que rompes los esquemas de mi vida, que desbordas de su cauce todas mis decisiones, que desencajas cada pieza que coloqué en el puzzle de mi destino...
Tú... ¿por qué me haces esto?

- Porque te quiero

viernes, 16 de noviembre de 2007

Nada

Una lágrima cae. Ojala con ella pudiera remediar el derramar las tristes gotitas saladas que me cuidan cada madrugada. Pero es tan difícil de evitar...
Una lágrima, otra lágrima y nada, no hay nada. Nada que pueda hacerme sonreír ahora, nada que llene este vacío, este agujero en el alma. Las sábanas, los millones de bichos microscópicos que jamás conseguiremos ver y que habitan entre ellas, y NADA. La manta y la almohada, y nada. Yo y esta jodida frialdad, y nada, nada más, ya no hay nada.
Nada por lo que luchar, nada por lo que soñar, nada por lo que vivir, nada de nada. Nada que me enseñe a descubrir quién soy, por qué estoy aquí y por qué me tocó vivir esta vida a mí. Nada que me logre explicar por qué unos tienen tanto y otros tan poco, nada que me haga entender por qué se destroza una familia, por qué se le pega a una mujer y a un hombre se le sube a un pedestal, por qué unos disponen de millonadas mientras otros se mueren por falta de alimento, por qué...
Nada, nada, nada...
Nada que me devuelva una caricia, un beso, una sonrisa y una mirada. Nada que me devuelva los mejores instantes de mi vida compartidos con aquellos amigos. Nada que me encuentre y nada que yo pueda encontrar. Nada que por buscar pueda encontrar, ni que por arriesgar pueda ganar. Nada de nada.
Yo y nada, tú y... nada.

Nada, como este texto sin sentido, que no significa nada.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Orgullosa de mí

Querida amiga;
Ahora que no te puedo ver, ahora que no me puedes tocar, te escribo y leo esta carta en voz alta para que me escuches desde donde estés, que sé que lo harás.
Necesito y quiero saber por qué lo hiciste, por qué me dejaste atrás de una manera tan triste, por qué me dejaste sola frente mi oscura vida. Me prometiste que no lo harías si yo te prometía no hacerlo, y rompiste la promesa, una de tantas.
Ahora que ya no estás, ni mi cuerpo ni mi alma tienen vida, mira lo qué has hecho en mí… estoy enferma, enferma de tristeza.
Recuerdo cuando venías corriendo a contarme que habías aprobado primero de bachillerato, o cuando estabas tan ilusionada con el viaje a Londres. También recuerdo cuando llorabas y yo te abrazaba, o cuando con una mirada sabías comprenderme… sólo tú sabías hacerlo, y luego tu sonrisa me llenaba de calma, ¿lo recuerdas?
Yo nunca olvidaré lo que vivimos juntas, porque eres la única persona que sigue en mi corazón sin que yo la pueda ver, ni tocar… solamente te puedo recordar.
La otra noche te pude sentir. Estaba tumbada en la cama, mi madre dándome de comer (por cierto, no te lo he dicho... desde que te fuiste de mi lado la tristeza se apoderó de mí y me hizo hacer algo tan grave que ahora no me deja caminar, otras veces no puedo hablar, estoy enferma, así que me paso el tiempo escribiéndote y recordándote…) y sentí tu presencia cerca de mí, era muy extraño, sentí un escalofrío y mi corazón se aceleró. No me preguntes por qué, pero sé que eras tú… entonces mantuve la calma y susurré: te quiero, jamás te olvidaré.
¿Viste? A pesar de estar muerta en vida intento no volver a romper la promesa que te hice, no volveré a intentar suicidarme nunca más, tú lo hiciste pero yo… seré fiel a lo que una vez prometí, y seguiré luchando por ti, porque sé que cuando nos volvamos a ver estarás orgullosa de mí.

Te extraño.

Espérame.